Cómo dirigir y organizar un programa de gestión del cambio
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Descubre los 4 estilos de aprendizaje de Honey y Mumford (activo, reflexivo, teórico y pragmático), cómo identificar el tuyo y cómo aplicarlos en formación
El modelo de estilos de aprendizaje de Honey y Mumford identifica cuatro perfiles (activo, reflexivo, teórico y pragmático) que describen cómo cada persona prefiere procesar y retener la información. Conocer el propio perfil permite adaptar los métodos de estudio y de formación para obtener mejores resultados, tanto en el aula como en el entorno laboral. Lemon Learning te presenta esta guía práctica basada en los trabajos originales de Peter Honey y Alan Mumford.
Peter Honey y Alan Mumford desarrollaron su teoría de los estilos de aprendizaje a partir del ciclo de aprendizaje experiencial propuesto por David Kolb en la década de 1980. Donde Kolb describía cuatro etapas de un proceso, Honey y Mumford identificaron cuatro preferencias individuales: la tendencia de cada persona a desenvolverse mejor en una fase concreta de ese ciclo. Su modelo se publicó inicialmente en 1982 y fue revisado en 1992, de ahí la referencia habitual a Honey y Mumford 1992 en la bibliografía académica.
La investigadora española Catalina Alonso, junto con Domingo Gallego, adaptó el cuestionario original al contexto hispanohablante y lo convirtió en el CHAEA (Cuestionario Honey-Alonso de Estilos de Aprendizaje), un instrumento de 80 ítems ampliamente utilizado en España y Latinoamérica. Por eso es frecuente encontrar las referencias cruzadas estilos de aprendizaje Honey Alonso o estilos de aprendizaje según Honey y Alonso: ambas remiten al mismo marco teórico de cuatro estilos, con descriptores de comportamiento más detallados en la versión de Alonso y Gallego.
Para profundizar en los fundamentos del ciclo experiencial que inspiró este modelo, puedes consultar el artículo sobre el ciclo de Kolb y la teoría del aprendizaje experiencial.
El modelo describe cuatro estilos no excluyentes: la mayoría de las personas presenta una combinación de ellos, aunque suele dominar uno o dos. A continuación se detalla cada perfil.
| Estilo | Aprende mejor cuando... | Le cuesta aprender cuando... |
|---|---|---|
| Activo | Participa en actividades prácticas y nuevos desafíos | Escucha clases pasivas o trabaja solo durante periodos largos |
| Reflexivo | Dispone de tiempo para observar, analizar y pensar | Debe actuar bajo presión o tomar decisiones rápidas |
| Teórico | Explora modelos, principios y razonamientos lógicos | Se enfrenta a situaciones ambiguas o sin estructura clara |
| Pragmático | Puede probar ideas en situaciones reales y concretas | El contenido parece alejado de cualquier aplicación práctica |
Los aprendices activos disfrutan de las experiencias nuevas y de los desafíos. Aprenden haciendo, se involucran con entusiasmo en tareas prácticas e interactivas y no se desaniman ante la falta de instrucciones detalladas. Su principal reto es detenerse a reflexionar sobre lo aprendido antes de pasar a la siguiente experiencia.
El estilo de aprendizaje reflexivo se caracteriza por la observación pausada y el análisis de las propias experiencias y las ajenas antes de extraer conclusiones. Estas personas se sienten cómodas con datos cualitativos variados y prefieren trabajar a su propio ritmo, en grupos reducidos o de forma autónoma. El trabajo bajo presión y las decisiones inmediatas les generan incomodidad.
Los teóricos aprenden mejor cuando pueden integrar la información en marcos conceptuales coherentes. Les atraen los modelos abstractos, el razonamiento lógico y la búsqueda de principios explicativos. Las situaciones ambiguas o que requieren un enfoque intuitivo les resultan difíciles de manejar.
El estilo pragmático de aprendizaje se orienta hacia la aplicación práctica del conocimiento. El aprendiz pragmático aprende mejor mediante ejemplos concretos, estudios de caso y situaciones en las que puede comprobar si una idea funciona en la realidad. Según la adaptación de Honey y Alonso, este perfil también disfruta tomando decisiones y resolviendo problemas, y pierde motivación cuando el contenido parece demasiado teórico o alejado de su contexto profesional.
Tanto en el modelo original de Honey y Mumford como en la adaptación de Catalina Alonso y Domingo Gallego (CHAEA), la respuesta es cuatro: activo, reflexivo, teórico y pragmático. La aportación de Alonso y Gallego fue enriquecer cada categoría con listas de comportamientos observables, lo que hace al instrumento más preciso para el diagnóstico individual. La validez del CHAEA ha sido respaldada por numerosos estudios académicos en el contexto universitario español e iberoamericano, como el publicado en la Revista de Estilos de Aprendizaje por Román y colaboradores (2018).
Una síntesis rigurosa de los fundamentos teóricos y las diferencias entre el modelo de Kolb, el de Honey y Mumford y la adaptación de Alonso puede consultarse en el artículo de Rodríguez Cepeda (2018) publicado en SciELO Colombia, una revista científica de acceso abierto.
La forma más sistemática de identificar el propio perfil es completar el test de estilos de aprendizaje de Honey y Mumford o, en su versión española, el cuestionario CHAEA. Más allá del test formal, puedes hacer una primera aproximación reflexionando sobre las siguientes preguntas:
Recuerda que la mayoría de las personas combina varios estilos. Conocer cuáles predominan en ti permite elegir métodos de estudio más eficaces y comunicar mejor tus necesidades formativas a educadores y responsables de recursos humanos.
El modelo tiene aplicaciones directas tanto en el diseño de programas educativos como en la gestión del talento en las organizaciones.
Un docente que conoce los estilos predominantes en su grupo puede diseñar actividades variadas: tareas de reflexión escrita o investigación independiente para los reflexivos, debates estructurados y resolución de problemas para los pragmáticos, marcos conceptuales y lecturas teóricas para los teóricos, y dinámicas de role-play o proyectos prácticos para los activos. Esta diversificación incrementa la motivación, mejora la retención del conocimiento y favorece el desarrollo de competencias en todo el grupo.
El artículo de Montaluisa-Vivas y colaboradores (2019), publicado en la Revista d'Innovació i Recerca en Educació de la Universitat de Barcelona, ofrece evidencia sobre la relación entre los estilos de aprendizaje y las estrategias didácticas en la enseñanza universitaria.
En las organizaciones, identificar los estilos de aprendizaje del equipo ayuda a los responsables de formación a estructurar programas más eficaces. Un activista se beneficia de simulaciones y proyectos reales; un teórico agradece la documentación detallada y las sesiones estructuradas; un reflexivo necesita tiempo para asimilar antes de aplicar; un pragmático rinde mejor cuando la formación está directamente vinculada a un caso real de su día a día.
Adaptar la formación a estos perfiles es especialmente relevante cuando se implantan nuevas herramientas digitales o se afrontan procesos de cambio organizativo. Puedes ampliar este enfoque en el artículo sobre modelos de gestión del cambio y en la comparativa de los principales modelos de aprendizaje organizativo.
Las plataformas de adopción digital permiten entregar formación en el momento exacto en que el empleado la necesita, adaptando el contenido al ritmo y las preferencias de cada perfil. Conocer más sobre cómo la tecnología puede apoyar estos enfoques es posible en la página de soluciones de aprendizaje y desarrollo de Lemon Learning.
Tanto el modelo original de Peter Honey y Alan Mumford como la adaptación posterior de Honey y Catalina Alonso (conocida como CHAEA) identifican cuatro estilos de aprendizaje: activo, reflexivo, teórico y pragmático. Alonso y Gallego ampliaron el modelo añadiendo descriptores de comportamiento más detallados para cada estilo, pero el número de categorías se mantiene en cuatro.
El aprendiz pragmático prefiere comprobar si las ideas y teorías funcionan en la práctica, disfruta tomando decisiones y resolviendo problemas concretos, y le cuesta aprender cuando el tema parece alejado de la realidad. Se orienta hacia la aplicación inmediata del conocimiento mediante ejemplos reales y estudios de caso.
El modelo de David Kolb (1984) describe cuatro etapas de aprendizaje experiencial (experiencia concreta, observación reflexiva, conceptualización abstracta y experimentación activa) y propone que el aprendizaje óptimo recorre las cuatro fases. Honey y Mumford tomaron ese marco como base, pero reorientaron el foco hacia las preferencias individuales del aprendiz en lugar de las etapas del proceso, identificando cuatro estilos que reflejan en cuál de esas fases cada persona se desenvuelve mejor.
El Cuestionario Honey-Alonso de Estilos de Aprendizaje (CHAEA) es un instrumento de autodiagnóstico desarrollado por Catalina Alonso y Domingo Gallego a partir del cuestionario original de Honey y Mumford. Consta de 80 ítems (20 por cada estilo) y permite a cualquier persona identificar su perfil predominante entre los estilos activo, reflexivo, teórico y pragmático, con el fin de adaptar sus estrategias de estudio o formación.
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